Science and Technology Based Entrepreneurship

Ph.D. Thesis – Essays of its impacts in Economic Growth and Productivity

Madrid reduce ayudas a las empresas tecnológicas

Con la subvención ya convocada y los proyectos presentados hace meses, la Comunidad de Madrid ha decidido reducir a un tercio las ayudas que iba a conceder a las empresas que desarrollan proyectos de fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico en el sector de las tecnologías de la información (TIC). Una orden, firmada por el consejero de Economía y Hacienda, Antonio Beteta, el 19 de julio pasado modifica el importe de las ayudas. Cuando se publicó la subvención, en enero pasado, se iban a repartir tres millones de euros. Ahora el importe se reduce hasta poco más de un millón (1.050.000 euros).
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El recorte afecta a proyectos presentados hace varios meses
Las empresas que se benefician de estas subvenciones trabajan en sectores que van desde la construcción aeronáutica y espacial hasta las telecomunicaciones, pasando por la fabricación de instrumentos médicos y odontológicos. La cuantía máxima de la ayuda por empresa o por agrupación de empresas es de 300.000 euros (los proyectos de menos de 50.000 euros no pueden presentarse) y el periodo de realización de las propuestas subvencionadas va del 1 de enero al 31 de diciembre.
La propia orden en la que se “minora” el importe de la subvención explica el porqué de la decisión: “La necesidad de seguir cumpliendo con el objetivo de estabilidad presupuestaria”. El texto añade que “la necesaria austeridad en el gasto público supone una reducción de las dotaciones presupuestarias asignadas inicialmente en los presupuestos para el año 2010”. Un portavoz de la Consejería de Economía precisó ayer que esta es solo “una de las muchas partidas” en las que se está reduciendo el gasto para adecuarse a la petición de austeridad de Bruselas.
Las ayudas al fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico en las TIC están cofinanciadas en un 50% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional. La Consejería de Economía asegura que la reducción del 65% de la subvención se divide también a partes iguales entre lo que aportan la Comunidad de Madrid y el Fondo Europeo, de manera que cada una se ahorra un millón de euros aproximadamente. El objetivo de estas ayudas es “fomentar la generación de conocimientos científicos y técnicos y el desarrollo de innovaciones tecnológicas que faciliten la penetración de las tecnologías de la información en nuestra sociedad”, según la convocatoria.
La Consejería de Economía aseguró ayer que el recorte a un tercio de la subvención no afectará a las inversiones en Investigación y Desarrollo en la región y destacó que “Madrid es la comunidad que más invierte de España (2,01% del PIB en inversión en I+D+i), por encima de la media de la UE (1,85% del PIB) y muy por encima de España (1,35%), según datos del INE”.

Con la subvención ya convocada y los proyectos presentados hace meses, la Comunidad de Madrid ha decidido reducir a un tercio las ayudas que iba a conceder a las empresas que desarrollan proyectos de fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico en el sector de las tecnologías de la información (TIC). Una orden, firmada por el consejero de Economía y Hacienda, Antonio Beteta, el 19 de julio pasado modifica el importe de las ayudas. Cuando se publicó la subvención, en enero pasado, se iban a repartir tres millones de euros. Ahora el importe se reduce hasta poco más de un millón (1.050.000 euros).
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webs en españolen otros idiomasEl recorte afecta a proyectos presentados hace varios meses
Las empresas que se benefician de estas subvenciones trabajan en sectores que van desde la construcción aeronáutica y espacial hasta las telecomunicaciones, pasando por la fabricación de instrumentos médicos y odontológicos. La cuantía máxima de la ayuda por empresa o por agrupación de empresas es de 300.000 euros (los proyectos de menos de 50.000 euros no pueden presentarse) y el periodo de realización de las propuestas subvencionadas va del 1 de enero al 31 de diciembre.
La propia orden en la que se “minora” el importe de la subvención explica el porqué de la decisión: “La necesidad de seguir cumpliendo con el objetivo de estabilidad presupuestaria”. El texto añade que “la necesaria austeridad en el gasto público supone una reducción de las dotaciones presupuestarias asignadas inicialmente en los presupuestos para el año 2010”. Un portavoz de la Consejería de Economía precisó ayer que esta es solo “una de las muchas partidas” en las que se está reduciendo el gasto para adecuarse a la petición de austeridad de Bruselas.
Las ayudas al fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico en las TIC están cofinanciadas en un 50% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional. La Consejería de Economía asegura que la reducción del 65% de la subvención se divide también a partes iguales entre lo que aportan la Comunidad de Madrid y el Fondo Europeo, de manera que cada una se ahorra un millón de euros aproximadamente. El objetivo de estas ayudas es “fomentar la generación de conocimientos científicos y técnicos y el desarrollo de innovaciones tecnológicas que faciliten la penetración de las tecnologías de la información en nuestra sociedad”, según la convocatoria.
La Consejería de Economía aseguró ayer que el recorte a un tercio de la subvención no afectará a las inversiones en Investigación y Desarrollo en la región y destacó que “Madrid es la comunidad que más invierte de España (2,01% del PIB en inversión en I+D+i), por encima de la media de la UE (1,85% del PIB) y muy por encima de España (1,35%), según datos del INE”.

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La China científica, antes socia que rival

El auge de la investigación en el gigante asiático tiene pendientes a Europa y EE UU – Más que la fuga de cerebros, lo que importa es su circulación

Si el crecimiento arrollador de la economía china tiene pendiente a todo el planeta, con mucho de asombro y no poco de temor, igualmente lanzada, o más, va su ciencia. Los expertos no le quitan ojo a la trayectoria espectacular del gigante asiático en I+D en los últimos años. China tiene ya tantos científicos como la Unión Europea o como Estados Unidos, casi un millón y medio, y sus ambiciones son espectaculares, pese a que no faltan problemas, como bajos salarios, instituciones rígidas o, al hablar de transferencia de tecnología, un difícil sistema de protección de la propiedad intelectual.
Los puntos débiles: bajos salarios e instituciones poco transparentes
Según crece el país, trae de vuelta a expertos formados en otros lugares
“Invertimos ahora un 1,5% del producto interior bruto en I+D y nuestro plan es alcanzar el 2,5% en 2020”, destaca Cao Jianlin, viceministro de Ciencia y Tecnología chino. Para valorar la magnitud de estas ambiciones baste recordar que con el 1,5% del PIB, China ya supera a España (1,3%) y se acerca a la media de la UE (1,9%), aunque queda aún lejos de Estados Unidos, con el 2,6%. Hablar en este caso de país emergente, empieza a ser irreal.
La imagen de la masiva producción barata, estándares limitados de calidad, imagen y poco valor añadido que ahora se tiene de ese país, puede quedarse anticuada pronto si el actual esfuerzo da los frutos que los dirigentes de Pekín esperan.
“China es muy rica en recursos humanos”, añade Cao. “Actualmente trabajan en entornos relacionados con I+D unos 40 millones de personas y el crecimiento anual es de dos millones”. Salud, medio ambiente, energía, agricultura, oceanografía, nanotecnología, información y comunicación, transporte, nuevas tecnologías y ciencias básicas en general son sus áreas prioritarias. No hay que olvidar el espacio, con China como tercer país (tras EE UU y Rusia) capaz de poner en órbita a sus taikonautas con sus propios cohetes, pero esta es otra cuestión: el espacio se desarrolla en el estricto ámbito militar y sólo se toca de puntillas en el civil.
Con este escenario expansivo en un país de tal envergadura, no es de extrañar que los países desarrollados no solo estén muy pendientes de la China científica y tecnológica, sino que busquen y desarrollen escenarios de cooperación.
La Comisión Europea está estrechando lazos con la ciencia y la ingeniería del gigante asiático con diferentes actividades, desde acoger a los científicos chinos en su Programa Marco (el principal programa comunitario de I+D) hasta intercambiar investigadores en proyectos conjuntos. Recientemente, la Comisión Europea y China han celebrado una semana dedicada la ciencia común en Shanghai, en marco de la Exposición Universal, con participación de medio millar de científicos de los dos lados. Más de 30 proyectos científicos y tecnológicos fueron presentados y discutidos en las sesiones por los expertos europeos y chinos. El abanico de temáticas se extendió desde la biomedicina o la energía, hasta el agua y la planificación sostenible de la ciudad.
“China es un objetivo estratégico de la UE en ciencia y tecnología”, declara José Manuel Silva director general de I+D de la Comisión Europea, quien recuerda que la investigación y la innovación “son absolutamente centrales en la recuperación económica europea tras la crisis global”.
Pekín, por su parte, reconoce que necesita colaborar con potencias como Estados Unidos y Europa, además de Canadá o Japón. Han Jianguo, director de la Fundación Nacional de Ciencias Naturales, explicó en el encuentro: “Nuestra institución mantiene acuerdos de trabajo conjunto con 68 agencias de 36 países, con un total de 29.000 proyectos de cooperación”.
La nueva potencia asiática se va haciendo notar en todos los ámbitos. El 7º Programa Marco (2007-2013) de la UE, que moviliza 54.000 millones de euros y que es la principal fuente de financiación de la I+D comunitaria (aunque solo supone el 5% de la inversión de la UE, correspondiendo el resto a los programas nacionales), admite propuestas de equipos científicos extracomunitarios, explicó en Shanghai Jean Michel Baer, director de Ciencia, Economía y Sociedad de la Comisión Europea. Pues bien, solo en los tres primeros años se recibieron 900 propuestas de investigadores chinos para colaborar en el 7º Programa Marco y, tras las rigurosas evaluaciones, se seleccionaron 152 (centradas en tecnologías de la comunicación y la información, medio ambiente, alimentos, transporte y salud), con una financiación total de 28 millones de euros (dos tercios son financiados por la UE y un tercio por China), explica Baer.
El país asiático se ha convertido ya en el tercer socio por volumen de proyectos de colaboración en el Programa Marco, tras EE UU y Rusia. En perspectiva, según Baer, “está la puesta en marcha de proyectos de colaboración de China y Europa como socios igualitarios”.
La crisis económica mundial no ha perdonado al ambicioso plan de I+D de Pekín y este año el incremento de la inversión ha sido solo del 8%, frente a un 30% en 2009 y un 27% en 2008. Mientras tanto, los países desarrollados que lideran hasta ahora el mundo de la ciencia y la tecnología han tenido que contentarse con crecimientos modestos o afrontar, como es el caso de España, dolorosas reducciones presupuestarias.
La Academia de Ciencias China lanzó el año pasado una hoja de ruta con 18 áreas (incluyendo agricultura, ecología, salud, energía y oceanografía) consideradas clave para preparar “una revolución tecnológica e industrial”.
Es lógico que el espectacular despertar chino en ciencia y tecnología no esté exento de dificultades y algunos cuellos de botella. Los científicos chinos, por ejemplo, son los peor pagados entre las potencias asiáticas emergentes, señalaba recientemente la revista Nature.
Otro problema que puede manifestarse en el futuro es la gran concentración geográfica del esfuerzo científico y tecnológico, con sus repercusiones industriales. Esto responde, en la actual fase de crecimiento acelerado, a una optimización de recursos, pero que a la larga puede dejar en herencia unas desigualdades notables en el extensísimo territorio del país. Oficialmente se ha definido 56 polos de alta tecnología, señala Cao, pero la I+D está concentrada en unas cuantas ciudades: Pekín, Shanghai, Guangzho, Shenshen, Guangdon, Nanjin, Wuhan y poco más. Una docena de universidades en todo el país concentran el I+D de alto nivel.
La presencia masiva de estudiantes y jóvenes científicos chinos en países desarrollados (EE UU, sobre todo) debe ser temida como fuga de cerebros, pero a medida que el gigante asiático crece empieza a atraer hacia casa a especialistas bien formados en el extranjero. Ante esta realidad, ya se habla en algunos países, y China lo prefiere, de circulación de cerebros, más que de captación y fuga.
Es el caso, por ejemplo, de Wang Jun, un genetista doctorado en la Universidad de Pekín en 2002 y premiado por el Ministerio de Educación de su país, que, tras una estancia de formación altamente productiva en Dinamarca, ha pasado a dirigir un grupo de 100 investigadores dedicado a la genómica e informática en su país. También es el director del prestigioso Instituto de Genómica de Pekín.
En el encuentro de Shanghai, Wang, presentó trabajos de su instituto en el genoma del cerdo, en estudios de metagenómica y microorganismos del aparato digestivo, de variabilidad del genoma del arroz y del gusano de seda, así como de los mecanismos de procesos de domesticación a nivel molecular, un elenco que nada tiene que envidiar a potentes institutos de investigación de países desarrollados.
Aún así, el rígido sistema chino adolece aún de impulso y oportunidades favorables para los jóvenes investigadores. “Este es el mayor problema que el sistema de ciencia y tecnología chino afronta”, avisó el matemático y profesor de Harvard Shing-Tung Yau.
Otra pega que se puede encontrar el sistema chino de I+D obedece a la potencial inadecuación de las instituciones de política científica, por lo que los expertos advierten que el país debería emprender una reforma profunda que ponga a punto los organismos adecuados de gestión Por ejemplo, un sistema eficaz de evaluación de proyectos y resultados para distribuir adecuadamente la financiación.
La escasa transparencia en este caso y la concentración de decisiones en unos pocos organismos, o incluso personas, no es la vía más eficaz, en comparación con la estructura, de corte anglosajón, pero extendido a todos los sistemas científicos desarrollados, incluido el español, de evaluación entre pares de proyectos y resultados. Y cuanto más transparente e independiente sea el sistema, mejor.
Si la UE, como declara Silva, ha asociado recuperación a la economía del conocimiento y está decidida a “situar la investigación y la innovación en centro de todas las políticas europeas”, China coincide en la estrategia: “Hacemos mucho énfasis en el desarrollo y la innovación”, defiende Han. Su número de patentes crece a buen ritmo: en 2007 se presentaron 153.000 solicitudes, frente a 122.518 el año anterior, según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
Ahora bien, a la hora de combinar este ímpetu con la colaboración en I+D industrial y la transferencia de tecnologías, los expertos destacan lo difícil que resulta para los occidentales desenvolverse en el complejo sistema de patentes y protección de la propiedad intelectual del país asiático.
De momento, China ha pasado de 3,1% del volumen total mundial de publicaciones científicas en 1998 al 10,6% una década después. Su irrupción en el panorama internacional ha redistribuido la tarta de la ciencia mundial que hasta hace no mucho era exclusiva de los países consolidados en I+D. Japón ha pasado del 7% de la producción científica mundial al 5% en 10 años; la UE ha bajado del 32% al 29% y EE UU, del 27,4% al 20%. La pujante China se ha hecho hueco en la cantidad de producción científica, pero todavía tiene que superar el reto de la calidad, notablemente inferior a su potencial. Tras el impetuoso crecimiento de la ciencia, cuando China dé la patada en la calidad, se hará oír muy fuerte, vaticinan los especialistas.

Si el crecimiento arrollador de la economía china tiene pendiente a todo el planeta, con mucho de asombro y no poco de temor, igualmente lanzada, o más, va su ciencia. Los expertos no le quitan ojo a la trayectoria espectacular del gigante asiático en I+D en los últimos años. China tiene ya tantos científicos como la Unión Europea o como Estados Unidos, casi un millón y medio, y sus ambiciones son espectaculares, pese a que no faltan problemas, como bajos salarios, instituciones rígidas o, al hablar de transferencia de tecnología, un difícil sistema de protección de la propiedad intelectual.
Las áreas claveEn busca del carbón limpio
ChinaA FONDOCapital: Pekín.Gobierno:República comunista.Población:1,330,044,544 (est. 2008)La noticia en otros webs
webs en españolen otros idiomasLos puntos débiles: bajos salarios e instituciones poco transparentes
Según crece el país, trae de vuelta a expertos formados en otros lugares
“Invertimos ahora un 1,5% del producto interior bruto en I+D y nuestro plan es alcanzar el 2,5% en 2020”, destaca Cao Jianlin, viceministro de Ciencia y Tecnología chino. Para valorar la magnitud de estas ambiciones baste recordar que con el 1,5% del PIB, China ya supera a España (1,3%) y se acerca a la media de la UE (1,9%), aunque queda aún lejos de Estados Unidos, con el 2,6%. Hablar en este caso de país emergente, empieza a ser irreal.
La imagen de la masiva producción barata, estándares limitados de calidad, imagen y poco valor añadido que ahora se tiene de ese país, puede quedarse anticuada pronto si el actual esfuerzo da los frutos que los dirigentes de Pekín esperan.
“China es muy rica en recursos humanos”, añade Cao. “Actualmente trabajan en entornos relacionados con I+D unos 40 millones de personas y el crecimiento anual es de dos millones”. Salud, medio ambiente, energía, agricultura, oceanografía, nanotecnología, información y comunicación, transporte, nuevas tecnologías y ciencias básicas en general son sus áreas prioritarias. No hay que olvidar el espacio, con China como tercer país (tras EE UU y Rusia) capaz de poner en órbita a sus taikonautas con sus propios cohetes, pero esta es otra cuestión: el espacio se desarrolla en el estricto ámbito militar y sólo se toca de puntillas en el civil.
Con este escenario expansivo en un país de tal envergadura, no es de extrañar que los países desarrollados no solo estén muy pendientes de la China científica y tecnológica, sino que busquen y desarrollen escenarios de cooperación.
La Comisión Europea está estrechando lazos con la ciencia y la ingeniería del gigante asiático con diferentes actividades, desde acoger a los científicos chinos en su Programa Marco (el principal programa comunitario de I+D) hasta intercambiar investigadores en proyectos conjuntos. Recientemente, la Comisión Europea y China han celebrado una semana dedicada la ciencia común en Shanghai, en marco de la Exposición Universal, con participación de medio millar de científicos de los dos lados. Más de 30 proyectos científicos y tecnológicos fueron presentados y discutidos en las sesiones por los expertos europeos y chinos. El abanico de temáticas se extendió desde la biomedicina o la energía, hasta el agua y la planificación sostenible de la ciudad.
“China es un objetivo estratégico de la UE en ciencia y tecnología”, declara José Manuel Silva director general de I+D de la Comisión Europea, quien recuerda que la investigación y la innovación “son absolutamente centrales en la recuperación económica europea tras la crisis global”.
Pekín, por su parte, reconoce que necesita colaborar con potencias como Estados Unidos y Europa, además de Canadá o Japón. Han Jianguo, director de la Fundación Nacional de Ciencias Naturales, explicó en el encuentro: “Nuestra institución mantiene acuerdos de trabajo conjunto con 68 agencias de 36 países, con un total de 29.000 proyectos de cooperación”.
La nueva potencia asiática se va haciendo notar en todos los ámbitos. El 7º Programa Marco (2007-2013) de la UE, que moviliza 54.000 millones de euros y que es la principal fuente de financiación de la I+D comunitaria (aunque solo supone el 5% de la inversión de la UE, correspondiendo el resto a los programas nacionales), admite propuestas de equipos científicos extracomunitarios, explicó en Shanghai Jean Michel Baer, director de Ciencia, Economía y Sociedad de la Comisión Europea. Pues bien, solo en los tres primeros años se recibieron 900 propuestas de investigadores chinos para colaborar en el 7º Programa Marco y, tras las rigurosas evaluaciones, se seleccionaron 152 (centradas en tecnologías de la comunicación y la información, medio ambiente, alimentos, transporte y salud), con una financiación total de 28 millones de euros (dos tercios son financiados por la UE y un tercio por China), explica Baer.
El país asiático se ha convertido ya en el tercer socio por volumen de proyectos de colaboración en el Programa Marco, tras EE UU y Rusia. En perspectiva, según Baer, “está la puesta en marcha de proyectos de colaboración de China y Europa como socios igualitarios”.
La crisis económica mundial no ha perdonado al ambicioso plan de I+D de Pekín y este año el incremento de la inversión ha sido solo del 8%, frente a un 30% en 2009 y un 27% en 2008. Mientras tanto, los países desarrollados que lideran hasta ahora el mundo de la ciencia y la tecnología han tenido que contentarse con crecimientos modestos o afrontar, como es el caso de España, dolorosas reducciones presupuestarias.
La Academia de Ciencias China lanzó el año pasado una hoja de ruta con 18 áreas (incluyendo agricultura, ecología, salud, energía y oceanografía) consideradas clave para preparar “una revolución tecnológica e industrial”.
Es lógico que el espectacular despertar chino en ciencia y tecnología no esté exento de dificultades y algunos cuellos de botella. Los científicos chinos, por ejemplo, son los peor pagados entre las potencias asiáticas emergentes, señalaba recientemente la revista Nature.
Otro problema que puede manifestarse en el futuro es la gran concentración geográfica del esfuerzo científico y tecnológico, con sus repercusiones industriales. Esto responde, en la actual fase de crecimiento acelerado, a una optimización de recursos, pero que a la larga puede dejar en herencia unas desigualdades notables en el extensísimo territorio del país. Oficialmente se ha definido 56 polos de alta tecnología, señala Cao, pero la I+D está concentrada en unas cuantas ciudades: Pekín, Shanghai, Guangzho, Shenshen, Guangdon, Nanjin, Wuhan y poco más. Una docena de universidades en todo el país concentran el I+D de alto nivel.
La presencia masiva de estudiantes y jóvenes científicos chinos en países desarrollados (EE UU, sobre todo) debe ser temida como fuga de cerebros, pero a medida que el gigante asiático crece empieza a atraer hacia casa a especialistas bien formados en el extranjero. Ante esta realidad, ya se habla en algunos países, y China lo prefiere, de circulación de cerebros, más que de captación y fuga.
Es el caso, por ejemplo, de Wang Jun, un genetista doctorado en la Universidad de Pekín en 2002 y premiado por el Ministerio de Educación de su país, que, tras una estancia de formación altamente productiva en Dinamarca, ha pasado a dirigir un grupo de 100 investigadores dedicado a la genómica e informática en su país. También es el director del prestigioso Instituto de Genómica de Pekín.
En el encuentro de Shanghai, Wang, presentó trabajos de su instituto en el genoma del cerdo, en estudios de metagenómica y microorganismos del aparato digestivo, de variabilidad del genoma del arroz y del gusano de seda, así como de los mecanismos de procesos de domesticación a nivel molecular, un elenco que nada tiene que envidiar a potentes institutos de investigación de países desarrollados.
Aún así, el rígido sistema chino adolece aún de impulso y oportunidades favorables para los jóvenes investigadores. “Este es el mayor problema que el sistema de ciencia y tecnología chino afronta”, avisó el matemático y profesor de Harvard Shing-Tung Yau.
Otra pega que se puede encontrar el sistema chino de I+D obedece a la potencial inadecuación de las instituciones de política científica, por lo que los expertos advierten que el país debería emprender una reforma profunda que ponga a punto los organismos adecuados de gestión Por ejemplo, un sistema eficaz de evaluación de proyectos y resultados para distribuir adecuadamente la financiación.
La escasa transparencia en este caso y la concentración de decisiones en unos pocos organismos, o incluso personas, no es la vía más eficaz, en comparación con la estructura, de corte anglosajón, pero extendido a todos los sistemas científicos desarrollados, incluido el español, de evaluación entre pares de proyectos y resultados. Y cuanto más transparente e independiente sea el sistema, mejor.
Si la UE, como declara Silva, ha asociado recuperación a la economía del conocimiento y está decidida a “situar la investigación y la innovación en centro de todas las políticas europeas”, China coincide en la estrategia: “Hacemos mucho énfasis en el desarrollo y la innovación”, defiende Han. Su número de patentes crece a buen ritmo: en 2007 se presentaron 153.000 solicitudes, frente a 122.518 el año anterior, según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
Ahora bien, a la hora de combinar este ímpetu con la colaboración en I+D industrial y la transferencia de tecnologías, los expertos destacan lo difícil que resulta para los occidentales desenvolverse en el complejo sistema de patentes y protección de la propiedad intelectual del país asiático.
De momento, China ha pasado de 3,1% del volumen total mundial de publicaciones científicas en 1998 al 10,6% una década después. Su irrupción en el panorama internacional ha redistribuido la tarta de la ciencia mundial que hasta hace no mucho era exclusiva de los países consolidados en I+D. Japón ha pasado del 7% de la producción científica mundial al 5% en 10 años; la UE ha bajado del 32% al 29% y EE UU, del 27,4% al 20%. La pujante China se ha hecho hueco en la cantidad de producción científica, pero todavía tiene que superar el reto de la calidad, notablemente inferior a su potencial. Tras el impetuoso crecimiento de la ciencia, cuando China dé la patada en la calidad, se hará oír muy fuerte, vaticinan los especialistas.

Las áreas clave

– Esfuerzo creciente. China invierte 102.000 millones de dólares en I+D al año, mientras que EE UU se sitúa en 368.000 millones y la UE en 263.000. En los últimos 10 años ha multiplicado por nueve su inversión en ciencia y tecnología.

– Prioridades. El plan de Pekín de investigación a medio y largo plazo y sus áreas prioritarias son muy similares a las de la UE, con énfasis en eficiencia energética, contaminación, intensificación agrícola e innovación.

– Ciencia básica. China es el país en desarrollo que más énfasis está poniendo en el avance de la investigación básica, afirma Cao Jianlin, viceministro de Ciencia.

En busca del carbón limpio

China proclama su interés en la investigación y las tecnologías relacionadas con energía limpia. Con sus reservas de carbón (es el mayor productor del mundo), la fuerte presión del crecimiento energético acompasado a su desarrollo y la perspectiva de tener que comprometerse en algún momento a contener sus emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento, no extraña que Cao Jianlin, viceministro de Ciencia y Tecnología del gigante asiático, sitúe el cambio climático y el medio ambiente como área prioritaria de su política científica.

Además, el problema acuciante y creciente de la contaminación que sufre el país no es ajeno a esta estrategia de política científica. “Necesitamos ayuda y transferencia de tecnología de los países desarrollados”, declaró Cao en la reunión UE / China en Shanghai. Señaló que para China la energía verde y la eficiencia energética para reducir la intensidad de su industria (energía invertida por unidad producida) depende, en gran medida, de la cooperación internacional.

Una de las sesiones monográficas de la conferencia, de obvio interés tanto para la UE como para China, se dedicó a las tecnologías de secuestro y almacenamiento de carbono, contempladas en los países desarrollados como una futura opción esencial en el capítulo energético.

“Queremos alcanzar el nivel de emisiones cero en nuestras plantas de carbón en 2020”, explicó Chen Wenying, profesora de Energía, Medio Ambiente y Economía de la Universidad de Tsinghua, que ha investigado y desarrollado mapas del territorio de su país ateniéndose a las fuentes de emisiones de carbono y sumideros para posibles localizaciones de instalaciones de captura y almacenamiento geológico de CO2 . Chen explicó el desarrollo de un programa conjunto de la UE con China e India centrado en estrategias de cooperación y de transferencia de tecnología sobre cambio climático.

China tiene interés en estas tecnologías para poder explotar sus reservas de carbón sin aumentar sus emisiones, señalaron los expertos. Pero carece de un incentivo claro para impulsar la necesaria I+D de captura y almacenamiento, comentó Peter Stigson, coordinador del programa europeo Straco2. El experto sueco destacó que China no está obligada a contener sus emisiones por acuerdos internacionales y, por tanto, no tiene que participar en un mercado de compraventa de cupos de emisiones, como los países desarrollados lo están en el marco del Protocolo de Kioto.

Stigson no olvidó señalar los arduos problemas de las patentes y derechos de propiedad industrial en las relaciones tecnológicas con China.

Las conversaciones incluyen la fusión nuclear y el gran proyecto internacional ITER, del que China es uno de los socios, pero se trata de una opción de energía para dentro de dos o tres décadas como poco, ya que ITER será un reactor demostrador de tecnologías pero no todavía un prototipo de planta energética.

En renovables China tiene el objetivo de producir con estas fuentes el 15% de la energía generada en el país en 2020 (desde el 9% actual) y llegar al 30% en 2050. El impulso chino está ya haciendo mucho daño al sector industrial en el resto del mundo, incluida España, al barrer en el mercado de renovables, sobre todo con sus baratos paneles solares.

El español Gabriel Salas presentó en Shanghai el programa Nacir, de la UE, enfocado al desarrollo de tecnologías fotovoltaicas y su gran potencial. Ahora mismo, recordó, la fotovoltaica suministra el 1% del total de energía consumida en España. “Hay varias tecnologías disponibles, pero hay más aún en los laboratorios, en preparación” con muy buenas perspectivas. Salas, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, se centró en la tecnología solar de concentación.

El cambio climático y la seguridad energética son un ámbito prioritario en el Acuerdo de Cooperación en Ciencia y Tecnología entre China y la UE, cuyo segunda edición quinquenal fue firmada a finales del año pasado. Otras áreas destacadas son salud, biotecnología, aeronáutica y energía nuclear.

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Keynes y la socialdemocracia

Durante décadas se relacionó al keynesianismo con las políticas socialdemócratas de gobierno intervencionista. Sin embargo, la relación de John Maynard Keynes con la socialdemocracia es compleja. Aunque fue uno de los arquitectos de los componentes clave de la política socialdemócrata –en particular su énfasis en mantener el pleno empleo–, no apoyó otros objetivos principales de la socialdemocracia, como la propiedad pública o la expansión masiva del Estado de bienestar.

En las conclusiones de su obra La teoría general del empleo, el interés y el dinero, Keynes ofrece un resumen de las fortalezas y debilidades del sistema capitalista. Por un lado, el capitalismo ofrece la mejor salvaguarda de la libertad individual, de elección, y de la iniciativa empresarial. Por otro lado, los mercados no regulados no pueden lograr dos objetivos fundamentales de cualquier sociedad civilizada: “Los grandes defectos de la sociedad económica en la que vivimos son que no puede ofrecer pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos”. Ello sugería un papel más activo del gobierno, que encajaba perfectamente con tendencias importantes del pensamiento de izquierda.

Antes de la publicación de La teoría general… en 1936, los socialdemócratas no sabían cómo lograr el pleno empleo. Sus políticas se dirigían a privar a los capitalistas de la propiedad de los medios de producción. Nunca se resolvió la cuestión de cómo ayudaría esto a alcanzar el pleno empleo.

Había la idea, originalmente de Ricardo y Marx, de que la clase capitalista necesitaba de un “ejército de reserva de desempleados” para mantener su margen de ganancias. Si se eliminaban las ganancias, la necesidad de ese ejército de reserva desaparecería. Los salarios de la mano de obra corresponderían a su valor y todos los que estuvieran dispuestos a trabajar encontrarían un empleo.

No obstante, independientemente de la imposibilidad política de nacionalizar la economía en su conjunto de manera pacífica, este enfoque tuvo el error fatal de ignorar el papel de la demanda agregada. Se asumía que la demanda siempre sería suficiente si se eliminaban las ganancias.

Keynes demostró que la causa principal de los periodos de desempleo fuerte y prolongado no era una usurpación de las ganancias por parte de los trabajadores, sino las perspectivas fluctuantes de la inversión privada en un mundo incierto. Casi todo el desempleo en un ciclo de desaceleración era el resultado de fallas de la demanda de inversión.

Por tanto, lo importante no era la nacionalización de las reservas de capital, sino socializar la inversión. La industria podría dejarse con seguridad en manos privadas siempre que el Estado garantizara un poder de gasto suficiente en la economía para mantener el nivel de inversión de pleno empleo. Ello se podría alcanzar mediante la política fiscal y monetaria: bajas tasas de interés y amplios programas de inversión pública.

En suma, Keynes quería lograr un objetivo fundamental de la socialdemocracia sin cambiar la propiedad de la industria. No obstante, él creía que la redistribución ayudaría a garantizar el pleno empleo. Una mayor tendencia al consumo serviría para “incrementar al mismo tiempo el incentivo a la inversión”. Además, las bajas tasas de interés necesarias para mantener el pleno empleo en última instancia conducirían a la “eutanasia de los rentistas” –de aquellos que viven de sus rentas de capital–.

La redistribución moderada fue el supuesto más radical en términos políticos de la teoría económica de Keynes, pero las medidas descritas en los párrafos anteriores también representan los límites de la intervención del Estado para él. Mientras “el Estado sea capaz de determinar el monto agregado de los recursos dedicados a aumentar los instrumentos (es decir, la base de capital) y la recompensa básica para quienes los poseen”, no existe una “causa evidente” para una mayor intervención. Lo público nunca debía sustituir a lo privado, sino únicamente complementarlo.

Actualmente, las ideas sobre el pleno empleo y la igualdad siguen estando en el centro de la socialdemocracia, pero la lucha política debe llevarse a cabo en nuevos frentes. Si bien la línea de combate solía situarse entre los gobiernos y los propietarios de los medios de producción –los industriales, los rentistas–, ahora está entre los gobiernos y las finanzas. Medidas como los esfuerzos del Parlamento Europeo para regular los mercados de derivados o la prohibición de las ventas al descubierto por el Gobierno británico a raíz de la crisis financiera o las exigencias de limitar los bonos de los banqueros son las expresiones contemporáneas del deseo de reducir el poder para dañar la economía que tiene la especulación financiera.

Este nuevo enfoque en la necesidad de controlar el poder de las finanzas es en gran medida consecuencia de la globalización. El capital se mueve a través de las fronteras con mayor libertad y rapidez que las mercancías o las personas. No obstante, si bien las grandes firmas globales habitualmente utilizan sus altas concentraciones de recursos financieros para presionar en favor de una mayor desregulación (“o nos vamos a otro lugar”), la crisis ha hecho que su tamaño se convierta en una debilidad.

Ser demasiado grande para fracasar sencillamente significa ser demasiado grande. Keynes observó que “la precariedad de los mercados financieros es en gran medida la razón de nuestro problema contemporáneo de adquirir inversiones suficientes”. Eso es más cierto ahora –más de 70 años después– que en su propia época. En lugar de obtener inversiones para los sectores productivos de la economía, la industria financiera se ha vuelto experta en conseguir inversiones para sí misma.

Una vez más, esto exige una política gubernamental activa. Sin embargo, como Keynes habría aducido, es importante que la expansión de la participación del gobierno se base en fundamentos económicos sólidos y no en la ideología política, socialdemócrata o de cualquier tipo.

La intervención del Estado debe llenar los vacíos que no se puede esperar razonablemente que el sector privado cubra por sí solo. La crisis actual ha demostrado con la mayor claridad posible que los mercados privados son incapaces de autorregularse; por tanto, la regulación interna es un área clave en la que el gobierno debe desempeñar un papel. De manera similar, hay cuestiones de inconsistencia de tiempo que impiden que las grandes compañías internacionales compartimenten sus mercados. Así pues, volver a levantar las barreras a los flujos de capital mediante impuestos internacionales para acordonar así las crisis antes de que se vuelvan mundiales es otra tarea para el gobierno.

No obstante, la principal contribución de Keynes a la socialdemocracia no radica en los detalles de política específicos, sino en su insistencia en que el Estado, en su calidad de protector supremo del bien público, tiene el deber de complementar y regular las fuerzas del mercado. Si los mercados son necesarios para evitar malas conductas del Estado, también es necesario el Estado para evitar las malas conductas de los mercados. Eso significa limitar su poder y sus ganancias.

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Ciencia e Investigación

Por Segundo E. Moreno Yánez
smoreno@hoy.com.ec
Como preludio a su disertación, el conferencista preguntó a los alumnos que finalizaban la educación secundaria sobre sus máximas aspiraciones futuras. Una inmensa mayoría expresó su anhelo de “servir a la patria” ecuatorial desde la más alta magistratura del Estado, pero ninguno de los más de 200 estudiantes manifestó el deseo de conseguir un Premio Nobel en alguna de las ciencias laureadas con este galardón. Entre las naciones latinoamericanas, solo la Argentina ha obtenido hasta el momento tres premios Nobel en Medicina. No es casualidad que el 85% de los Premios Nobel de Ciencias los hayan ganado personas que investigan en los Estados Unidos de América, aunque, justo es decirlo, muchos científicos son originarios de otros países, incluso del denominado “Tercer Mundo”.

La “excelencia científica” está basada en una triple institucionalidad: la universidad, los institutos de investigación y la gran industria. Los institutos de educación superior tienen un doble objetivo: capacitar el personal humano en la metodología científica, sin olvidar la ética profesional, y apoyar la investigación básica. Sin la ciencia básica, no es posible alcanzar un alto nivel de innovación, y científicos alejados de la ética no pasan de ser horrorosos endriagos o aun criminales de lesa humanidad. En la actualidad, son los institutos de investigación los organismos que han logrado articular grupos de trabajo alrededor de temas en las fronteras de la ciencia. Algunos de ellos trabajan en mutua colaboración con las universidades, pero todos ellos captan gran parte de sus recursos financieros en las empresas industriales. Algunos historiadores de la ciencia opinan incluso que, en el futuro, el mayor nivel tecnológico y científico estará protagonizado por la gran industria o que, por lo menos, los org
anismos científicos y los institutos de educación superior funcionarán, de manera más pragmática, en colaboración con las grandes empresas industriales.

Los políticos y los burócratas de los países del Tercer Mundo han alcanzado, a lo más, a diseñar modelos de aplicación de algunas tecnologías desarrolladas en el Primer Mundo, con la exigencia de mostrar inmediatos resultados. A los pocos investigadores que han retornado a sus países de origen, después de una excelente formación académica recibida gracias a becas en las mejores universidades del mundo, con excepción de vacuas promesas populistas, no se les ha permitido desarrollar su carrera científica, por lo que han debido emigrar a países con mayor potencia investigativa. Los planificadores ni siquiera tienen en cuenta las posibilidades de investigación que ofrece el gran laboratorio de la naturaleza ecuatorial: geología, botánica, energía geotérmica, bioquímica, etc.; sus proyectos se reducen solo a obstaculizar, prohibir y aun penalizar todo aquello que no está por ellos regulado.

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Intelectuales y científicos

Intelectuales y científicos

CÉSAR PAZ Y MIÑO

cpazymino@telegrafo.com.ec

Hay dos libros fundamentales para entender la función del trabajo intelectual y, por ende, del científico: Los intelectuales y la organización de la cultura (1949) del activista italiano Antonio Gramsci y Ciencia, técnica y desarrollo (1997) del epistemólogo argentino Mario Bunge.

Gramsci expresa que todos los hombres son intelectuales, considerando que “no hay actividad humana de la cual se pueda excluir la intervención intelectual” y que la función de los intelectuales modernos no es la de simples escritores, sino la de líderes y organizadores involucrados en la tarea práctica de construir la nueva sociedad. Para el italiano, los intelectuales irrumpen en la discusión sobre el poder y la tradición y asumen la función de decir la verdad y a través de ella ser actores del cambio social y la lucha contra la ideología dominante. Dice que los intelectuales no se limitan a describir la vida social de acuerdo a reglas científicas, sino más bien expresan, mediante el lenguaje de la cultura, las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas. Agrega que, por cierto, no todos llegan a ser intelectuales comprometidos con el cambio.

“…los políticos deben sumergirse en
la ciencia y, empapados de ella, tomar decisiones…”

De su lado, Bunge afirma que el trabajo científico libera a los pueblos, porque el desciframiento y divulgación de la verdad crea conciencia en las personas, quienes lucharán y reclamarán derechos. La ciencia y la técnica se desenvuelven juntas; su papel es descubrir la verdad y usarla para beneficio humano. La verdad científica se expresa en las aplicaciones de la medicina, la física, la mecánica, la bioingeniería y más. En su libro, Bunge llega aún más lejos al referirse a la serie de trabas que deben superar los científicos para llegar al conocimiento y postula una serie de recetas para que triunfe la verdad científica. También recopila “recomendaciones” para que la ciencia y la intelectualidad fracasen y las sociedades se estanquen. En su ABC de la Ciencidiología plantea: que difundir la verdad es peligroso y, por lo tanto, aplicando el adagio popular, es preferible “matar al perro para que termine la rabia”; que es conveniente mantener a los pueblos en un subdesarrollo biológico; que se debe eliminar al los intelectuales díscolos, declararles la guerra, mantenerlos preocupados sólo por subsistir, mezquinarles las remuneraciones, restringirles la libertad de investigación, impulsar las investigaciones aplicadas y jamás las básicas, someterlos a labores administrativas, premiar la mediocridad y construir “elefantes blancos” muertos.

Debemos impulsar a intelectuales y científicos para que cultiven sus experticias y, lo más valioso, que difundan y compartan esta forma de cultura con las sociedades. Incluso los políticos deben sumergirse en la ciencia y, empapados de ella, debatir y tomar decisiones adecuadas y acordes a la modernidad.

Entendido así el trabajo intelectual y científico, los hombres y mujeres dedicados a él, deben tomar partido por una intelectualidad y cientificidad solidaria, alejada del mero mercantilismo del conocimiento o de sus productos, para ser reales instrumentos de cambio social e histórico.

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Profeta de innovación

El distinguido profesor de Harvard estudió de lo bueno y malo todos los sistemas económicos y concluyó que a pesar de las fallas, el capitalismo era el que más alentaba la innovación científica, tecnológica y médica, contribuyendo a sacar a la humanidad del estado lúgubre en que se encontraba hasta la primera mitad del siglo XVIII”.

Una nueva columna en The Economist, centenaria revista inglesa, tiene el nombre de Schumpeter, por Joseph Schumpeter, famoso economista austriaco estadounidense que hubiera ganado el premio Nobel en Economía, de haber existido mientras vivía. Dedicó su vida al estudio de los elementos económicos, políticos, sociales y culturales del capitalismo y su impacto en las personas, empresas y países. Según él, como el sistema capitalista era algo más que economía, no se limitó al estudio de la economía, también dominó historia, leyes, negocios, matemáticas, política, sociología y psicología. El distinguido profesor de Harvard estudió de lo bueno y malo todos los sistemas económicos y concluyó que a pesar de las fallas, el capitalismo era el que más alentaba la innovación científica, tecnológica y médica, contribuyendo a sacar a la humanidad del estado lúgubre en que se encontraba hasta la primera mitad del siglo XVIII. El título de este artículo es el del libro sobre su última biografía, por Thomas McCraw.

Para Schumpeter, sin innovación no existe el emprendedor, y sin sus logros, no hay capitalismo. La innovación a través del emprendedor es esencia el capitalismo y corazón del progreso económico. En su visión, el capitalismo es un proceso dinámico en el que nuevos bienes y servicios reemplazan a existentes. A este llamó “Destrucción Creativa”, por promover el crecimiento económico con la creación de nuevas profesiones, negocios, productos y servicios y obsolescencia de existentes. En este reciclaje, la humanidad progresa. De la carreta pasó al auto, avión, hélice y propulsión; de la paloma mensajera a la cablegrafía, telefonía fija, telex, fax, celular e Internet. Según Schumpeter, el capitalismo aumenta la productividad, disminuye costos, hace que los precios de los bienes aminoren en el tiempo e incrementa el nivel de vida de las masas.

A diferencia de otros intelectuales que no miran con simpatía a las empresas, Schumpeter consideró héroes a sus fundadores, por originar prosperidad en las masas. Pero admitió que como el capitalismo no es perfecto, puede haber abusos, y destruirse por su propio éxito. Él escribió temas siempre actuales: la importancia del emprendedor e innovación. Los primeros, arquitectos e ingenieros de la revolución tecnológica que el mundo vive hoy. Larry Page y Sergy Brin, creadores de Google, o Steve Job, de los productos Apple, han hecho gran contribución a la humanidad. Como ellos, miles más.

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Mazar, ¡al fin!

Para cuando usted, estimado lector, lea este artículo, la represa hidroeléctrica Mazar tendrá con agua el 6% de su capacidad de reserva, es decir unos 24 de los 410 millones de metros cúbicos de su capacidad total.

Es una buena noticia para el país, aunque por ella debimos esperar más de 30 años de postergaciones, o lo que es lo mismo tres décadas de apagones, racionamientos, negociados con el combustible para las termoeléctricas y de pérdida continua de la vida útil de la central Paute, la mayor hidroeléctrica del país.

La historia de Mazar es tan antigua como el descubrimiento de ese accidente geográfico que permitiría la construcción de una represa tipo arco gravedad para la generación hidroeléctrica. El descubridor del lugar fue Daniel Palacios Izquierdo, ingeniero civil oriundo del cantón Paute, cuya tesis de grado de sus estudios superiores fue precisamente la construcción de la primera central hidroeléctrica del Ecuador.

En el informe de su investigación, escrito en 1939, ya alerta sobre la posibilidad de aprovechar una caída de agua de 450 metros de altura existente en la cordillera sur oriental, en la cuenca del río Paute, que se extiende por más de 100 kilómetros.

El historiador Rodolfo Pérez Pimentel, autor del  Diccionario Biográfico del Ecuador,  consigna de la siguiente manera el planteamiento de Palacios Izquierdo: “Desde su juventud sabía que la cola del río Paute en el sitio de San Pablo, dentro de la antigua hacienda Amaluza de la familia Ordóñez Mata, era el sitio adecuado, porque así lo había expresado en su tesis doctoral de ingeniería de 1939, pero solo fue en esta etapa que realizó los cálculos precisos, de suerte que el 3 y el 27 de enero de 1962 envió dos memorandos o notas, uno a su superior jerárquico en el CREA y el otro al periodista Hugo Ordóñez Espinosa, columnista del diario guayaquileño EL UNIVERSO, dando a conocer los detalles del proyecto completo”.

Fueron los primeros pasos que viabilizarían el mayor proyecto hidroeléctrico del país, y que en una de sus fases incluía la construcción de la represa Mazar, aguas arriba de la central Paute, con el triple propósito de retener los sedimentos arrastrados por el río, proveer de agua a la hidroeléctrica en épocas de sequía –su capacidad es tres veces mayor que Paute–, y entregar 160 megavatios al sistema nacional interconectado.

Una obra esperada por dos décadas y que desde el domingo anterior empezó a represar el agua del exceso de lluvias que finalmente riegan la sedienta tierra del Austro. Tan generosa está la naturaleza, que cuando los técnicos de la Celec decidieron desviar el río para el llenado de Mazar, calcularon que tomaría tres días. Pasaron tan solo 24 horas para el objetivo, y la provisión de agua para Hidropaute fue normal.

Si Mazar no hubiera estado allí, la otrora semivacía represa Daniel Palacios Izquierdo hubiera tenido que abrir las compuertas y botar el exceso de agua, que tanta falta hace en tiempos de estiaje.

Las expectativas están ahora en que las lluvias sigan y de esta manera Mazar empiece a generar en mayo próximo.

Definitivamente, una buena noticia para el país.

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Universidad e investigación

El Instituto Internacional de Zoonosis y su Director, excepciones en la Universidad Central y en el país.
Por Rodrigo Fierro Benítez

Voy a referirme a la investigación científica que se realiza en la Universidad Central, en momentos en que el Gobierno actual ha creado expectativas que están por verse.

El Prof. Dr. Washington Benítez, lojano, Director del Instituto Internacional de Zoonosis de la Central, me ha hecho llegar cuatro de sus últimas publicaciones de2009, de las cuales es coautor.  Se trata de investigaciones que han superado los límites comarcanos y han llegado a la comunidad científica internacional a través del Journal of Tropical Medicine and Hygiene, el Internacional Journal of Parasitology y la Revista Electrónica Internacional de Veterinaria.  Un portento, sin exageración alguna.  Para llegar a tales niveles de comunicación científica se requiere que los autores se hallen plenamente informados del tema que tratan, utilicen las técnicas más modernas que se conocen y que los resultados constituyan aportaciones al conocimiento.  Tales comunicaciones, sumadas a otras tantas anteriores de igual nivel científico, justifican que en la Universidad Central exista el mencionado Instituto Internacional de Zoonosis, un referente en Sudamérica, sobre un capítulo importante de salud pública.  Las zoonosis son enfermedades o infecciones que se dan en los animales y son transmisibles al hombre en condiciones naturales.  Benítez y colaboradores han estudiado la cisticercosis por tenia, transmitida de los cerdos al hombre y que produce graves daños en la corteza cerebral.  Una de esas últimas publicaciones de los investigadores de la Central trata sobre la tuberculosis bovina como factor de riesgo para los humanos.

Washington Benítez debió hacer milagros para mantener el instituto que dirige y obtener los recursos económicos que requerían sus estudios.  Se ganó becas de investigación (grants) de organismos extranjeros e internacionales, hecho muy infrecuente entre nosotros.  En cuanto a recursos nacionales, muy limitados.  Tuve conocimiento que el Instituto Internacional de Zoonosis, el de la Central, había solicitado fondos a la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología para financiar un programa avalado incluso por instituciones internacionales y aprobado por la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo.  ¡La espera de tales recursos va para un año y medio!

Incluso en los países desarrollados y en los emergentes no son numerosos los que se dedican a la investigación científica,  pese a que gozan de salarios bastante razonables y estabilidad laboral a más de prestigio social; cuentan con recursos económicos suficientes y tienen a su alcance los cada vez más sofisticados implementos tecnológicos.  ¿Qué de inexplicable resulta que el Dr. Benítez, el Instituto Internacional de Zoonosis  y algún ejemplo más, sean excepciones no solo en la Universidad Central sino en el país?

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“Es muy poco el estímulo que se da al investigador”

Elizabeth Benites, la vida después del logro internacional

Foto: Amelia Andrade / Expreso

La científica. Esta guayaquileña tiene además un diplomado en Administración y Gerencia en Salud de la Escuela de Salud Pública de La Habana.

// Es madre de tres hijos, pero ya pasó el tiempo en el que debió pelearse con el horario de trabajo y de ceder algunas de sus urgencias de desarrollo profesional por estar pendiente de ellos. Ya son mayores, dice, “ahora le doy parte de mi tiempo libre a lo que me gusta: la investigación”.

Elizabeth Benites Estupiñán ganó varias páginas de los diarios del país cuando en agosto de 2007 la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI) le concedió el Premio Junta General del Principado de Asturias. Es al momento la única latinoamericana a quien se lo entregaron.

“La mayoría de los científicos que forman parte de la lista de ganadores de ese premio científico son europeos, y sin embargo, entre ellos está el nombre de esta ecuatoriana”, dice con cierto orgullo que no pretende disimular esta aficionada al fútbol, cuyo equipo preferido es el Emelec.

Reconoce que el premio estableció un antes y un después. Desde entonces, aparece como consultora del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, única ecuatoriana entre muchos latinoamericanos.

Es invitada recurrente a investigaciones ejecutadas por la misma SIBI. Asiste como conferenciante a diferentes eventos científicos.

Sin embargo, siente que en algunos aspectos su vida sigue igual que antes. “Para sentirme realizada tengo que investigar. Es lo mío, pero esto lo hago en mis tiempos libres, como una actividad personal, algo que en otro país es subvencionado”.

Como amante del fútbol, cree que su triunfo fue algo así como cuando se ganó la clasificación al Mundial. Recuerda que se celebró mucho y que a los jugadores se regaló casas, bonificaciones y sueldos extras.

¿Alguien le entregó un premio económico por su logro?

Se ríe y responde en forma cortante: “Sin comentarios”.

La historia va por ahí, la falta de apoyo. El que para ejecutar su labor de investigación deba esperar terminar su jornada diaria de trabajo como subdirectora del Instituto Nacional de Higiene Leopoldo Izquieta Pérez, debe ser extenuante.

Lo que ella prefirió callar, lo dijo abiertamente el año pasado Juan Carlos Idrovo, un físico ecuatoriano que trabaja en la Universidad de Vanderbilt en EE.UU. Uno de sus estudios demostró que la inconsistencia en el financiamiento en el área de la ciencia podría ser la causa de las bajas tasas de publicación científica en el país.

Entre 1965 y 2009, cada universidad de Ecuador publicó un promedio de cuatro artículos científicos cada cinco años, mientras en EE.UU. un investigador produjo individualmente tres artículos al año.

Desde 1965 hasta 2009, las instituciones educativas ecuatorianas publicaron 2.912 artículos, libros o memorias científicas a nivel internacional; mientras que en el mismo período Chile lo hizo 60.570 veces, Venezuela 28.580, Colombia 15.574 y Perú 7.085.

No es que no hayan investigadores, aclara la doctora Benites, una médica cirujana graduada de la Universidad de Guayaquil, con un masterado en Salud Pública en la Universidad Libre de Bruxelles (Bélgica). “Hay profesionales muy valiosos y jóvenes. No doy nombres por temor a dejar de mencionar a alguno. Lo que falta es inversión, equipamiento”.

Pero Elizabeth Benites no se ha quedado esperando porque las cosas cambien. Si su investigación sobre “Alimentos antioxidantes”, con la que ganó el certamen en España fue parte de una búsqueda personal, cada noche que vuelve a su casa, luego de trabajar en el INH y de dar alguna de sus cátedras en las universidades locales, vuelve a su laboratorio.

“Aún no diré en qué trabajo. Tampoco sé si lo enviaré a algún certamen internacional en busca de apoyo. Eso sí, sé que será en provecho de las personas. Eso me basta”.

Diferencias.

En la última década Ecuador invirtió un 0,07% de su PIB en la ciencia. Colombia casi 0,4%, y Costa Rica 0,3%, según datos de la Comisión Económica de América Latina.

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